Cada niño tiene un crecimiento y desarrollo
particularmente individual, dentro de un marco
global de talla y peso para su edad.
Según el médico pediatra, doctor
José Francisco, profesor de la UCV en el
Hospital de Niños de Caracas, y experto
en el área, el crecimiento es una propiedad
intrínseca de todo tejido joven. Es un
impulso biológico inherente al organismo
durante las primeras etapas de la vida que se
agota posteriormente cuando se alcanza la adultez.
El crecimiento se debe a la multiplicación
y diferenciación celular, y a la ingestión,
utilización y depósito de energía
utilizable. Es un proceso cuantitativo.
“El desarrollo, en cambio, es el proceso
a través del cual se adquieren funciones
cada vez más complejas. Es un proceso cualitativo”,
señala nuestro ilustre profesor.
No todos los niños alcanzan iguales parámetros
a la misma edad. Existen variaciones dentro del
rango de la normalidad que se irán definiendo,
desde la lactancia, pasando por la pubertad y
hasta la joven adultez, de acuerdo a factores
hereditarios, alimentarios, ambientales, sociales,
culturales, educativos y de hábitos, hasta
alcanzar los valores definitivos de talla y peso
del adulto. El crecimiento del niño está
influenciado por todos estos factores, además
del elemento orgánico propio.
Para el doctor Francisco, el crecimiento depende
de: el potencial genético individual (tendencia
secular); el estado nutricional del niño;
el medio ambiente; y también de la indemnidad
del Sistema Neuroendocrino. La interacción
entre esos factores, determinará as variaciones
entre las personas.
Uno de los aspectos centrales de este proceso
fisiológico, es el endocrino, y dentro
de éste, cabe destacar la importancia de
la adecuada secreción de la Hormona de
Crecimiento (GH). Es una hormona proteica, sintetizada
en el lóbulo anterior de la glándula
hipófisis, localizada en la base del cerebro.
El crecimiento del ser humano, durante las edades
preescolar, infancia y pubertad, están
mediados, principalmente, por la GH. La secreción
de la Hormona de Crecimiento (GH) es modificada
por diversos estímulos (sueño, ejercicio,
comidas proteicas, entre otros), y es pulsátil
y episódica.
En base a esto, podemos decir que las comidas
del novel deportista estarán constituidas
por: proteínas animales (carne), cereales,
granos; leche y sus derivados, para cubrir la
parte de las proteínas en una dieta diaria
balanceada.
El ejercicio, que a través del deporte
hemos aprendido, y es menester, incluir dentro
de las actividades de rutina de nuestro hijo,
también será factor estimulante
esencial para la liberación de esta hormona:
sin olvidar el potente estímulo que representa
la tensión que ejercen los tendones sobre
el hueso, a propósito del esfuerzo físico,
en la entrada de calcio en el esqueleto.
Las concentraciones plasmáticas de la GH
pueden cambiar hasta 10 veces en unos pocos minutos.
Uno de los aumentos más significativos
se observa poco después de iniciarse le
sueño, apoyando al adagio, “Si no
duermes, no crecerás”. Por esto,
es pertinente vigilar la disciplina de las horas
y el momento del sueño en todo niño
o adolescente.
De tal forma que se forma una triada interesante:
1) Una alimentación balanceada con buena
base proteica proporciona la calidad y cantidad
de energía necesarias para; 2) mantener
una actividad física adecuada y sistemática
(a través del deporte), lo que; 3) induciría
a un sueño suficiente y reparador. La combinación
de estos elementos facilita la fisiológica
(normal) secreción de la Hormona de Crecimiento
(GH).
Indudablemente, estarían dadas las bases
para procurar un Crecimiento y Desarrollo óptimos
para todo aquel individuo en edad de crecer.
Gracias al Maestro doctor José Francisco,
querido profesor de tantas promociones de colegas.
Artículo publicado en “El Universal”,
página 2-11, en fecha 20/05/07 por Julio
Acosta Urbaneja
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